lunes, 2 de mayo de 2011

FUEGO ROJO

Dice el refranero popular: "Jugar con Fuego es Peligroso Juego", y que mejor dicho para explicar en pocas palabras lo que tuvo que vivir en el día de ayer el Deportivo Anzóategui en el cemento del Olímpico caraqueño.

Y es que jugar con fuego nunca deja de ser peligroso. Pero jugar con el Fuego Rojo, ése que desde ya varias jornadas atrás viene quemando todo lo que encuentra a su paso, no solo resulta altamente contraproducente, sino que realmente puede parecer un auténtico y real suicidio.

Y si alguien tiene dudas al respecto, podría acudir al testimonio de Ojeda, el vapuleado cancerbero del aurirojo oriental, el cual ayer fungió de impotente combustible donde se atizaron una y otra vez, las llamaradas mortales del Rojo de la capital, quién, cual volcán en erupción, dejó sobre el irregular césped del estadio Olímpico solo las cenizas de un equipo que se sitúa en el tercer lugar del Torneo Apertura de Primera División del fútbol venezolano y que además, venía de hacerle diez goles al Atletico Venezuela.

El jolgorio y la marea de gente ataviada de rojo y negro que desde tempranas horas de la tarde fue colmando el coso de Villanueva hacían presagiar una jornada por demás intensa. Y es que el Rojo caraqueño que gana y gana, y el ciudadano caraqueño que plena y plena, como nunca antes, las maltratadas sillas verdes de la grada popular. No hay dudas al respecto, el caraqueño tiene hambre de sentirse grande.

Y el niño que es llorón, y la mamá que lo pellizca. El Caracas presentaba ayer ausencias importantes en su alineación, destacándose la del capitán Jimenez y la del habilidoso volante canaleño Nelson Barahona. Sin embargo, el equipo que ha hecho de la cantera un culto en Venezuela, no podía amilanarse por esto. Al contrario, incluyó en la delantera al adolescente Josef Martínez por el colombiano Edward Jimenez, en la primera línea de volantes al "utility" Franklin Lucena por el gran capitán Edgar Jimenez, y al volante César Gonzalez, al que mientan "El Peluche" por Barahona, mientras en la banca se acomodaban expectantes varios canteranos, entre ellos el Colorado Aristiguieta y el siempre rendidor Carlos Suarez.

Y con esa alineación, el profe Ceferino inició la quema del aurirrojo oriental. Mientras en la popular la barra empujaba a los suyos con toda clase de cánticos y aliento, en la cancha comenzó a encenderse el festival del fuego futbolístico. A los 0:18 segundos de comenzado el partido, ya un jugador del Anzóategui estaba en el piso, como preludio inevitable de lo que se le venía al cuadro de Puerto la Cruz, el cual no pudo utilizar su cabalístico uniforme rojo en el día de ayer, por lo cual tuvo que apelar al blanco de la pureza y de la inocencia, términos no muy acordes con lo que se estaba jugando en el coso universitario.

Resistencia al fuego futbolístico hubo, o por lo menos intentos de apaciguarlo. Un ex de la casa, Alejandro Guerra, intentó en los primeros compases del partido encontrarse con algo de esa magia que tanto desparramó en ese rectángulo capitalino, pero que va. Parece que esa magia, hoy por hoy, solo se pone de lado de los que visten la camisa roja con las once estrellas. Magia si tuvo, y mucha, Angelo Peña, quién en la fracción 27 se hizo dueño de la pelota, se la pegó a su habilidosa pierna izquierda, media vuelta hacia el arco y, tras el pequeño pero mortal espacio que le cedió la defensiva visitante, estampó el cañonazo con la diestra al ángulo izquierdo de Ojeda. Pelota a la red y fuego a la grada.

La locura se apoderó entonces de todo el estadio Olímpico. Niños, jóvenes, adultos, no importa edad en estas cuestiones. El "Dale Dale Dale Dale Rojo" tronó en los cuatro puntos cardinales, como sentencia irrevocable de lo que se le venía al cuadro oriental. La magia volvió de nuevo a los pies de Peña, esta vez en la fracción 31. El crack merideño en una jugada de feria dejó colgada a su marca a la altura del mediocampo, picó hasta el fondo del área rival y con un toque sutil, se la regaló a Cabezas para su consagración. Toque del cada vez más idolatrado delantero colombiano a un lado del portero y a cobrar. 2-0 y ya el fuego se propagaba de manera inevitable por todos lados.

Lo demás fué sentarse a observar como las llamaradas devoraban una y otra vez la cada vez más tenue resistencia del Anzóategui. Apenas dos minutos después Alexander Gonzalez, que sigue demostrando cada día más que está fuera de todo lote, resiste la embestida del "comegente" Vizcarrondo y en sorprendente escapada por el lado derecho sirve el balón para el chamo Josef, quien solo tiene que empujarla hasta el fondo de la red. Corría el minuto 33 y juego sentenciado. Lo demás ya era trámite. Incendio rojo en el campo y en la tribuna.

Para el segundo tiempo no cambió mucho la tónica. Un Anzóategui perdido y un Caracas deseoso de venganza hacia quien ha sido una especie de "bestia negra" en los últimos años. Peña que no se cansa de llamar a la magia del rectángulo capitalino y ésta que acude gustosa a sus pies. Amague de centro que se incrusta en el arco de Ojeda y las redes que vuelven a danzar con su particular cadencia, al ritmo de los gritos de gol de los casi 13.000 aficionados que colmaron el coliseo de Ciudad Universitaria. Cuatro a cero en el marcador y ya el cuadro oriental va quedando reducido a cenizas, como quedó literalmente el trapo que la afición del Caracas tenía de Alejandro Guerra, quemado ayer en el segundo tiempo. La guinda en el pastel la colocó de nuevo Cabezas quien, tras penalty cometido contra el recién ingresado Aristiguieta, trajo el recuerdo del checo Panenka al minuto 82 que hizo estallar la locura en las tribunas y la rabia e impotencia en la visita, la cual estalló en airados reclamos al colombiano por lo que ellos consideraron una falta de respeto del delantero rojo, como si ahora la calidad y el arrojo fueran un irrespeto al juego.

Todo estaba consumado. Rentería logró a los 88 maquillar el resultado con un gol de otro partido, pero la tarea estaba hecha. El volcán rojo había escupido suficientemente su fuego arrasador sobre el Deportivo Anzóategui y se mantiene en plena carrera por el título del Clausura, sacando a su rival de ayer de toda carrera por el campeonato y de paso, asegurando su participación en fase previa de Libertadores para el próximo año. Tarde redonda para el Rojo y sus aficionados, tarde de celebración y alegrías, de revancha y de goles soñados, donde el Anzóategui comprobó, como nunca antes, que jugar con fuego es un peligroso juego, sobre todo si se trata de Fuego Rojo.

Alineaciones:

CARACAS FC (5): Vega; A.González (Camacho) Bustamante; Machado; Briceño; Guerra (Suárez); Lucena; Peña; C. González; Martínez y Cabezas. DT: Ceferino Bencomo

D. ANZOATEGUI (1): Ojeda, Rivero, Salazar, Vizcarrondo, Fuenmayor (Pernía 83) Lobo (Massia 46), Di Giorgi, Urdaneta, Guerra, Rentería, Rivas (Arismendi Min.46) DT: Daniel Farías.

GOLES:

1-0 Peña Min. 27
2-0 Cabezas Min. 33
3-0 Martínez Min. 35
4-0 Peña Min. 53
5-0 Cabezas Min. 82
5-1 Rentería Min. 88

AMONESTADOS:

CARACAS FC: Guerra, Peña, Cabezas
D. ANZOATEGUI: Rivero, Salazar, Vizcarrondo, Rentería

EXPULSADOS:

D. ANZOATEGUI: Pernía.

Arbitro: José Luis Hoyos (Trujillo)

Partido jugado en el Estadio Olímpico de la UCV, el día Primero (1º) de Mayo de 2011, ante unos 13.000 aficionados.